"Como el toro me crezco en el castigo, mi lengua en corazón tengo bañada..." (M. Hernández)

1,2 y 3 son los IRONMAN a mis espaldas. Y este año vamos a por el 4º con la misma ilusión que el primero y con más experiencia (que siempre cabe). El gran objetivo este año es ser regular y conseguir dos picos de forma importantes, el primero para la Maratón de Sevilla (finales de Febrero) y el segundo y más importante es para la primera semana de Julio con la consecución del Ironman de Frankfurt.
Manos a la obra y como siempre, cuento con vosotros para crecer y seguir mejorando juntos. Vuestros comentarios me enriquecen, no dudeis en hacerlo.

Acumulado desde 1 de Septiembre:

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GYM:

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RETOS 2012-2013: MM Córdoba-Maratón Sevilla - IRONMAN Frankfurt...

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martes, 15 de febrero de 2011

Una crónica muy deseada. Enhorabuena Fernan!!!

Ayer cuando la leí no pude contener las lágrimas...
Aquí os dejo una crónica que estábamos esperando mucha gente... yo el que más.
La crónica de la maratón de mi hermano. Disfrutadla porque tiene una pluma exquisita... se nota que es periodista. Leedla porque no tiene desperdicio!!!
La mía vendrá en cuanto pueda, pero más que crónica creo yo que será reflexión.
Ayer descansé, hoy ya toca hacer algo.

Siente, lucha, DISFRUTA

(Por Fernando Roldán Marín)

Cuando comienzas a preparar una prueba deportiva tan dura como una Maratón, te das cuenta de que no basta con correr y entrenar mucho y muy duro. Necesitas apoyarte mucho en la psicología y en la fuerza de la mente para afrontar una carrera de larga distancia. Y a eso precisamente fue a lo que me dediqué prácticamente la semana previa.

Entre lecturas de artículos en Internet, experiencias de otros maratonianos y consejos de personas importantes para mí, fui adaptando la mente para lo que tenía que soportar. No sólo correr 42’195 km., sino aguantar más de 3 horas corriendo. Algo que para mí resultaba inalcanzable, e incluso incomprensible hace un tiempo.

Así que me fui al pueblo toda la semana para descansar y disfrutar de los míos antes de uno de los retos más importantes en mi vida. Poco entrenamiento y muchas preocupaciones, porque llegué de Murcia con unas ligeras molestias en el cuádriceps. Como suele ocurrir, luego me cuenta de que sólo era psicosomático y cuando sonó el pistoletazo de salida todos los dolores desaparecieron.

Pese a todo, la Doctora de la familia, Mari Carmen, aún sabiendo que era una simple sobrecarga, me trató y me puso a tono para la carrera. Yo, de todas formas, seguía notando que algo no iba bien. La pierna derecha no funcionaba como la izquierda. Pero ya no había vuelta atrás. No era momento de pensar en pinchazos, roturas fibrilares y sobrecargas musculares. La fuerza mental debería superar cualquier molestia.

La semana corre más que otras que he pasado en casa. Vida intensa, desde muy temprano, pese a estar de vacaciones, pero sin agobios. Esta vez no. Soy demasiado perfeccionista, pero era diferente esta semana. Debía tomármelo con tranquilidad.

Llega el viernes y empiezo a ponerme un poco nervioso, me gustaría dejar todo a punto antes de que llegue mi hermano, porque quiero compartir muchas cosas con él antes de la carrera. Por eso, desde por la mañana no paro, hasta que llega a las 16 h. de la tarde y nos sentamos a comer. Nunca había comido tan tarde, pero ese día me apetecía comer con él. Mari Carmen me pone las tiras de Neurotape, previamente, y nos subimos a mi casa para esperarlo.

Después de comer, un paseo para ver su nueva casa y entrenamiento con carrera muy suave por el Polideportivo con mi hermano y los compañeros, Antonio Baena y Manolo. Menos de media hora y para casa después de unos estiramientos.

Nos levantamos el sábado y después de un buen desayuno me pongo a hacer cosas por casa y salgo a ver a mi ‘sobrino’ José Alejandro, el niño de mi amigo José Torres. Hace mucho que no los veo y tengo ganas de llenarme de buenas vibraciones. Los niños dan mucha energía y éste sobretodo. Es un torbellino y no para.

Vuelvo a casa para comer y, sin dejar reposar la comida apenas, me pongo a leer frases motivadoras y a escuchar música que pueda ayudarme antes de la prueba. Hago una selección basada en terapias de psicología empleadas en momentos clave para deportistas de alto nivel y en temas que me aportan mucha vitalidad y me motivan. En principio, las paso al mp3, porque pensaba escucharla en el coche de camino a Sevilla, pero le pregunto a mi hermano que si le parece bien que las grabe en un CD y me dice que sí. Así que, la selección también la grabo en CD. El reproductor al final no tuve que usarlo.

La tarde del sábado transcurre como otra más. Escuchando tiempo de juego (Cadena eh,eh,eh, COPE!), no entiendo el fin de semana sin ellos, y viendo fútbol y baloncesto. En ningún momento parecía que al día siguiente iba a correr una maratón, si no fuera porque a las 20 h. de la tarde/noche ya estaba cenando. Comida basada en hidratos de carbono durante todo el día y mucha hidratación (casi 3 l. de agua). Eso provocó que me levantara tres veces por la noche a eliminar líquidos. Antes de dormir, mi madre nos avisa que en el bar que hay debajo de casa habrá fiesta. Mi hermano se pone algo nervioso, porque le cuesta conciliar el sueño. A mí no me preocupa porque duermo como un oso y no me entero de nada. Después de todo, estábamos tan casados y tan anestesiados, gracias a los relajantes musculares, que no nos enteramos de nada.

Comienza el gran día. Son las 5:50 h. de la madrugada. A esas horas, por las calles de mi pueblo, sólo hay gente de mal vivir y locos como nosotros. Cambia la rutina diaria, ya que no tengo que tomarme la pastilla de hierro con la naranja de rigor en ayunas. Por tanto, voy directamente al desayuno: Tazón de leche con salvado de trigo, plátano y pasas. Té verde, tostada con aceite, un poco de chocolate y una manzana. Creo que con todo eso hay bastante para soportar una prueba tan dura. Hemos quedado a las 6:30 de la mañana en la puerta de mi casa. Luis llama para decir que se ha acaba de levantar. Primer contratiempo, que queda en nada, porque el que llega tarde, como casi siempre, soy yo.

Fotos antes de emprender el viaje y ya está todo preparado. Nos repartimos entre dos coches y tomamos rumbo a Sevilla. Pensaba que el ambiente sería diferente. La experiencia en otras pruebas en las que participaba mi hermano me hacían recordar que la tensión se podía cortar con un cuchillo y que la concentración no permitía ni articular palabra. Sin embargo, el que estaba en esa situación esta vez era yo. No podía apenas hablar, mientras los demás comentaban cosas que apenas tenían que ver con lo que se nos venía encima. Me centro en escuchar la música que había grabado. El tiempo pasa volando y, en menos de lo que pensaba, estamos entrando en el parking del Estadio. Salgo de la furgoneta para estirar las piernas, que sentían más pesadas y engarrotadas que nunca. Me cuesta mucho, pero me cambio en la parte de atrás de la furgo. Habría preferido hacerlo en el Estadio, pero es lo que se había acordado y, con un frío bastante desagradable y a la intemperie, me voy vistiendo y poniéndome todos los potingues necesarios para evitar molestias musculares y rozaduras.

Fotos, risas, un par de meaditas y al interior del Estadio de La Cartuja. Nos despedimos de las acompañantes, en especial de Mari Carmen. Me habría gustado que estuvieran mis padres, pero no pudo ser. Espero que sea en otro reto importante.

Una vez dentro, sigo las indicaciones y últimos consejos de los experimentados. Son vitales y necesarios para conseguir algo tan importante como una Maratón. Bajamos el túnel de acceso a la pista y ya no hay vuelta atrás. Un río de atletas se coloca en la contrarrecta a meta del Estadio. Me llama la atención la presencia del periodista deportivo de Canal Sur, Ángel Gámiz. Pero rápidamente me centro en lo que se me viene encima. Apenas hago unos ejercicios de entrenamiento, porque no hay tiempo ni espacio para mucho.

Últimas palabras motivadoras de mi hermano al grupo, con una consigna principal: DISFRUTAR. Al fin y al cabo, ya estaba todo el trabajo hecho, sólo había que reflejarlo sobre el papel. Si habíamos estudiado bien previamente, tendríamos que aprobar el examen con nota.

Después de algunas bromas, propias del nerviosismo ante un acontecimiento tan importante para todos, comienza la cuenta atrás y se da el pistoletazo de salida. Seguimos la salida de los africanos y primeros situados en las primeras posiciones por el videomarcador. Intentamos trotar, pero es imposible. Hay más de 4500 personas en las ocho calles de una pista de atletismo y no podemos hacer otra cosa que andar. Busco a mi hermano entre los corredores que van apareciendo por el videomarcador, pero es inútil. Es como buscar una aguja en un pajar. Pasamos el túnel de salida al exterior y, de forma espontánea, los participantes comienzan a gritar durante su paso por el túnel. A mí no me sale la voz del cuerpo. No quiero gastar ninguna energía. Tendría tiempo durante la carrera de expulsarla. El primer km. se hace eterno. Tardamos casi 6 minutos en superarlo, pero es normal, somos demasiados corredores. Pasado el segundo km. me quito el forro polar y la braga térmica del cuello que llevaba para resguardarme del frío y comienza la Maratón.

Poco después del km. 3 nos cruzamos con los primeros participantes y vamos buscando a mi hermano, que va a buscando otro objetivo mucho más difícil que el nuestro (bajar de 3 h.). Mientras sorteamos a numerosos atletas, no aparto la vista del carril contrario. Lo veo y le doy un grito de ánimo, todos los demás compañeros le animan. Él apenas se da cuenta, pero también nos responde. Va muy motivado y necesita recuperar posiciones lo antes posible.

A medida que pasan los kilómetros, la carrera pone a cada uno en su lugar. El grupo compuesto por los colegas del pueblo se rompe y Mateo, Luis, Manolo y Fernandón nos van sacando metros poco a poco a mí, Antonio Baena y David Lemos. Mis fieles escuderos y gracias a los que, en gran parte, conseguí el gran reto.

Recorremos las grandes avenidas de la capital sevillana y el grupo delantero se nos pierde de vista. Durante muchos kms. compartíamos el mismo ritmo, pero ellos se alejaban considerablemente, sus posibilidades eran otras. Habían entrenado mucho y muy bien.

Paso el km. 19 a duras penas, noto el primer bajón. Tenemos que recorrer casi toda la Avenida Kansas City y se me hace eterna. Veo a los primeros corredores que se retiran, Antonio y David bromean con un grupo de mujeres de Crevillent, pero yo no puedo ni esbozar una sonrisa. Pasamos a poco más de 5 minutos este km. y me preocupo. Aun queda más de la mitad y ya me voy dando cuenta de la dureza. Me recupero anímicamente al pasar por el punto que marca el medio maratón y me doy cuenta que lo hacemos en menos de lo que tarde en hacer mis primeras medias maratones. No me lo puedo creer. Me vengo arriba, pese a la primera dificultad del terreno y, seguidamente, vemos a Fernandón a lo lejos. Ha fallado en su estrategia y está pagando duramente el sobreesfuerzo. Me da rabia que haya elegido esa opción, cuando sus pretensiones eran otras. Estamos aún en el km. 28 y lo veo bastante afectado físicamente. Intento acompañarlo poco a poco. Me pongo delante de él para que coja mi ritmo, pero me dice que no puede. Va mal, bajo el ritmo, Antonio y David se van. No puedo dejarlo ahí, pero no me conviene esperarlo. Necesito ir con mis compañeros de carrera y aumento el ritmo de nuevo hasta volver con ellos.

A medida que avanzamos kms. y sentimos el apoyo de la gente por las calles de Sevilla, me voy sintiendo muy orgulloso de lo que hago, pero muy fatigado. El tiempo de carrera me pesa cada vez más en las piernas y vamos bajando el ritmo considerablemente. Ya no perdono ningún avituallamiento, no sólo por la hidratación, sino por los gritos de ánimo de los voluntarios. Noto que la boca se reseca con facilidad y me cuesta segregar saliva. La dureza del asfalto se clava en las piernas. Todos los maratonianos sufren algún bajón durante la prueba. Sabía que a mí me tendría que llegar y aparece por primera vez en el km. 31. Bajamos una larga avenida y giramos a la izquierda para atravesar un puente. Se me hace eterno ese paso y decido recurrir a la psicología. Me levanto la manga izquierda de la camiseta y visualizo las tres palabras que me escribió mi hermano en el brazo y que dan título a esta crónica: SIENTE, LUCHA, DISFRUTA.

Me hace venirme arriba, principalmente, por todas las horas, esfuerzos y conocimientos que me ha aportado durante toda mi vida.

Marco en el pulsómetro cada punto kilométrico que vamos pasando, pero ya ni siquiera miro el tiempo que hemos hecho. Sólo quiero terminar y restar kilómetros. Antonio está muy fuerte y va animándonos en todo momento, nos canta los kilómetros que restan para terminar. Mi cabeza pierde la noción del espacio y no acierta, por momentos, cuántos kilómetros faltan. En una de las ocasiones, Antonio me dice que sólo faltan 6, es decir, media hora. Se me viene el mundo encima. No concebía poder seguir ni 15 minutos más corriendo. Sin embargo, recuerdo las palabras de uno de los atletas que corría junto a nosotros en un tramo de la prueba: “los dos últimos kms. no se cuentan. Son para disfrutarlos”.

Entramos en el Parque del Alamillo y ya sólo queda atravesarlo y estaremos delante del Estadio de La Cartuja. Pasamos por el último avituallamiento y lo aprovecho como si fuera la última gota de agua que queda en la Tierra. David y yo vamos muy tocados, pero noto que Antonio tarda demasiado en este paso. Me preocupo. Nuestro ángel de la guarda pasa por un mal momento. Todas las molestias y problemas estomacales que sufría durante la carrera se concentran en este momento. Le pido que paremos, a estas alturas ya estaba todo hecho y la salud es lo más importante. Se niega rotundamente a parar. Salimos del parque y vemos el Estadio al fondo. Ya nada pueda fallar, nada ni nadie me va a parar. El recorrido hace un pequeño rodeo para enfilar la carretera de entrada a meta y los gritos de ánimo de la gente en el interior se oyen desde la calle.

No lo podía imaginar. Después de tres horas y media corriendo, más de 42 km. y muchas horas de entrenamiento, lo iba a conseguir. Me cuesta mucho respirar y noto un poco de ansiedad. Trago aire profundamente y lo expulso despacio, tengo ganas de llorar. Se me vienen a la cabeza muchos recuerdos, tanto buenos como malos. Vuelvo a mirarme el brazo y me grabo a fuego en la mente las tres palabras que me han ayudado tanto a conseguir la proeza. Me acuerdo de todas las personas que han contribuido a que lo haya conseguido.

Enfilamos el túnel de entrada a la pista del Estadio y pasamos por el km. 42, suena “Requiem for a dream”, de Clint Mansell, una de las canciones elegidas en la selección de música para motivarme. El momento es inolvidable, pasamos la contrarrecta de meta y no me sigue costando respirar. Soy muy débil psicológicamente, pero no esta vez, tenía que superarme. En la recta de meta oigo un grito de la grada que me resulta familiar. Mi hermano grita mi nombre tan fuerte como puede y ahí rompo a llorar por completo. Sólo quedan unos metros para llegar a meta, le doy las gracias a Antonio y David, dos amigos muy experimentados, con dos maratones en sus piernas cada uno. Les agarro del brazo, David a mi izquierda y Antonio a mi derecha, y cruzamos la línea de meta juntos: 42 kilómetros y 195 metros en 3 horas y 33 minutos. Increíble. No lo podía creer. Lo había conseguido. Tantas dudas, entrenamientos, dietas, sesiones de fisioterapia, preocupaciones y horas dedicadas exclusivamente a esto habían terminado. Era la persona más feliz del mundo. Lo conseguí.

5 comentarios:

Gustavo Quirós dijo...

Felicitale de mi parte, menudo tiempo para su bautizo en maratón,éste ya está enganchao seguro que pronto lo vemos en Lanzarote ;-)

Anónimo dijo...

FELICIDADES FERNAN. NO HAY IMPOSIBLES. AHORA LO SABES. UN ABRAZO. LA LIEBRE.

Anónimo dijo...

Pues si, buena pluma, conforme lo leía me estaba poniendo super nerviosa pensando donde me he metido, lo q me queda todavia, en fin me acordaré de estas líneas en los momentos difíciles. SIENTE, LUCHA, DISFRUTA.
Enhorabuena al debutante. Lore.

Bellotatlon dijo...

Felicitaros de nuevo a los dos uno por terminar su primera maraton y otro por ese pedazo de tiempazo, las liebres pisan fuerte.

El señor Ríder dijo...

Elección inmejorable de Clint Mansell para entrar. Hubiese llorado fijo.

Enhorabuena a los dos, artistas del cuerpo humano.